Catalunya
Estimados Sres.:
Soy un joven empresario andaluz , que da la oportunidad de trabajar a doce familias, dos de ellas en Cataluña donde tenemos una representación.
Me considero una persona tolerante, con ambiciones personales e inquietudes sociales, perfil que ninguna fuerza política llega a satisfacer en su totalidad.
Desde niño, debido a mi relación con Cataluña, asisto perplejo a una serie de actitudes y opiniones desde algunos ciudadanos de la comunidad catalana que no he llegado nunca a entender del todo, es decir que aunque puedo entender que a nadie le gusta regalarle dinero a nadie y que lo de fondos de cohesión y compensación territorial entre las diferentes regiones de España solo le interesa a las regiones más humildes, no siempre fue así.
Cuando muchos de nuestros paisanos españoles de las zonas más pobres acudían durante décadas a trabajar a las regiones más ricas, no lo hacían gratuitamente sino forzados por la desigualdad generada por las inversiones producidas desde la administración para acallar las ansias nacionalistas de algunas partes del territorio nacional. Se invertía gran parte de los recursos de todo el país para crear tejido económico e infraestructuras, entiendo que con la vana ilusión de que aquellas áreas del país se sintiesen orgullosas de pertenecer a la nación española. Con el paso de los años se ha podido comprobar que las personas que tomaron esta decisión no pudieron adivinar lo que ocurriría en el futuro, no pudieron ni imaginar que con el paso de los años algunos de los herederos de aquellos desplazados dentro de su propio país acabarían dando sentido al refrán " no hay peor cuña que la de la misma madera" Es decir que los nietos de aquella mano de obra barata acabarían teniendo opiniones tan egoístas e insolidarias despreciando no solo a los actuales habitantes de las regiones económicamente más desfavorecidas, sino faltando a la memoria de aquellos antepasados suyos que un día se vieron obligados a abandonar sus lugares de origen para buscarse la vida en una región a la que aportaron sus vidas y las de los suyos.
Probablemente esta opinión mía se habrían quedado dentro de mí ya que soy una persona práctica, resolutiva y que hago oídos sordos a palabras necias, pero han ocurrido algunas cosas en mi entorno que me han hecho reaccionar.
Recapitulando puedo recordar que hace varios años un sobrino de la familia a la que pertenezco, con catorce años fue utilizado en una granja catalana para desatascar una tubería de saneamiento, cosa que le costó la vida. Un tiempo después su madre murió también en Cataluña por no poder soportar la pena de ver morir a un hijo. Más tarde otro tío de la familia muere tras una larga enfermedad pulmonar por haber trabajado muchos años en una fábrica de fibrocemento catalana, sus hijos adoptivos acabaron totalmente perdidos por la situación familiar producida. Hace dos años de nuevo otro de los tíos de la familia con cuarenta y nueve años muere de una terrible enfermedad que nadie puede relacionar con sus años de trabajo en una fábrica de reciclaje de plásticos catalana. Y años mas tarde con cincuenta y nueve años murió otro de los hermanos de una enfermedad que nadie puede relacionar con su trabajo en la misma fábrica.
Mi análisis no es ni médico, ni exhaustivo, ni político, solo es real como la vida misma y pregunto a estas personas que piensan que pertenecen a una élite social y cultural supranacional; ¿que tipo de valores van a enseñar a sus hijos, si es que los tienen?, quizá que se debe usar a los demás para conseguir lo que necesites y luego desahuciarles sin más; quizá la moderna igualdad que promulgan quiere significar que igual da usar a andaluces, marroquíes o subsaharianos siempre que cumplan los requisitos de pobreza adecuados sin contemplar gastos sociales posteriores para compensar los daños colaterales, pues “el dinero que se genera en nuestra comunidad con el esfuerzo de todos los que vienen, lo necesitamos para mantener el magnífico nivel de vida que tenemos, con grandes infraestructuras como aeropuertos, líneas de metro, alta velocidad, etc. que además necesitamos renovar y mejorar”, sin pensar que en las zonas de donde viene nuestra mano de obra queden pueblos sin médicos, escuelas, carreteras, ferrocarril, u otros servicios similares. Puede que sea prioritario usar el dinero para modernizar nuestras infraestructuras y así nuestra clase obrera siga produciendo, aunque en los lugares de origen de nuestra mano de obra nunca lleguen a alcanzar nuestro nivel de vida y siempre sea atractivo para ellos venir a Cataluña a disfrutar de nuestros puestos de trabajo, aunque para ello tengan que dejar atrás todo lo que significa algo para ellos.
Por último no voy a terminar mi pensamiento como político pedigüeño, ya que probablemente a los andaluces nos venga mejor que nos corten cualquier tipo de fondos procedentes de otros lugares, pues no me cabe la menor duda que si nos apretamos el cinturón seremos capaces de superar la situación saliendo reforzados como han hecho en otras regiones del mundo tras una crisis.
No en vano en lugares como EEUU valoran muy positivamente a paisanos nuestros que no solo consideran que están bien formados en campos como la ingeniería, medicina e investigación, sino que además valoran la capacidad de improvisación, resolución y empuje ante la adversidad. Aunque tendríamos que pensar que en las zonas que han superado las crisis se hacen esfuerzos como trabajar horas extras para revertirlas a la comunidad, cosa que algún político valiente podría proponer para compensar los famosos fondos.
Un empresario iluso.
Soy un joven empresario andaluz , que da la oportunidad de trabajar a doce familias, dos de ellas en Cataluña donde tenemos una representación.
Me considero una persona tolerante, con ambiciones personales e inquietudes sociales, perfil que ninguna fuerza política llega a satisfacer en su totalidad.
Desde niño, debido a mi relación con Cataluña, asisto perplejo a una serie de actitudes y opiniones desde algunos ciudadanos de la comunidad catalana que no he llegado nunca a entender del todo, es decir que aunque puedo entender que a nadie le gusta regalarle dinero a nadie y que lo de fondos de cohesión y compensación territorial entre las diferentes regiones de España solo le interesa a las regiones más humildes, no siempre fue así.
Cuando muchos de nuestros paisanos españoles de las zonas más pobres acudían durante décadas a trabajar a las regiones más ricas, no lo hacían gratuitamente sino forzados por la desigualdad generada por las inversiones producidas desde la administración para acallar las ansias nacionalistas de algunas partes del territorio nacional. Se invertía gran parte de los recursos de todo el país para crear tejido económico e infraestructuras, entiendo que con la vana ilusión de que aquellas áreas del país se sintiesen orgullosas de pertenecer a la nación española. Con el paso de los años se ha podido comprobar que las personas que tomaron esta decisión no pudieron adivinar lo que ocurriría en el futuro, no pudieron ni imaginar que con el paso de los años algunos de los herederos de aquellos desplazados dentro de su propio país acabarían dando sentido al refrán " no hay peor cuña que la de la misma madera" Es decir que los nietos de aquella mano de obra barata acabarían teniendo opiniones tan egoístas e insolidarias despreciando no solo a los actuales habitantes de las regiones económicamente más desfavorecidas, sino faltando a la memoria de aquellos antepasados suyos que un día se vieron obligados a abandonar sus lugares de origen para buscarse la vida en una región a la que aportaron sus vidas y las de los suyos.
Probablemente esta opinión mía se habrían quedado dentro de mí ya que soy una persona práctica, resolutiva y que hago oídos sordos a palabras necias, pero han ocurrido algunas cosas en mi entorno que me han hecho reaccionar.
Recapitulando puedo recordar que hace varios años un sobrino de la familia a la que pertenezco, con catorce años fue utilizado en una granja catalana para desatascar una tubería de saneamiento, cosa que le costó la vida. Un tiempo después su madre murió también en Cataluña por no poder soportar la pena de ver morir a un hijo. Más tarde otro tío de la familia muere tras una larga enfermedad pulmonar por haber trabajado muchos años en una fábrica de fibrocemento catalana, sus hijos adoptivos acabaron totalmente perdidos por la situación familiar producida. Hace dos años de nuevo otro de los tíos de la familia con cuarenta y nueve años muere de una terrible enfermedad que nadie puede relacionar con sus años de trabajo en una fábrica de reciclaje de plásticos catalana. Y años mas tarde con cincuenta y nueve años murió otro de los hermanos de una enfermedad que nadie puede relacionar con su trabajo en la misma fábrica.
Mi análisis no es ni médico, ni exhaustivo, ni político, solo es real como la vida misma y pregunto a estas personas que piensan que pertenecen a una élite social y cultural supranacional; ¿que tipo de valores van a enseñar a sus hijos, si es que los tienen?, quizá que se debe usar a los demás para conseguir lo que necesites y luego desahuciarles sin más; quizá la moderna igualdad que promulgan quiere significar que igual da usar a andaluces, marroquíes o subsaharianos siempre que cumplan los requisitos de pobreza adecuados sin contemplar gastos sociales posteriores para compensar los daños colaterales, pues “el dinero que se genera en nuestra comunidad con el esfuerzo de todos los que vienen, lo necesitamos para mantener el magnífico nivel de vida que tenemos, con grandes infraestructuras como aeropuertos, líneas de metro, alta velocidad, etc. que además necesitamos renovar y mejorar”, sin pensar que en las zonas de donde viene nuestra mano de obra queden pueblos sin médicos, escuelas, carreteras, ferrocarril, u otros servicios similares. Puede que sea prioritario usar el dinero para modernizar nuestras infraestructuras y así nuestra clase obrera siga produciendo, aunque en los lugares de origen de nuestra mano de obra nunca lleguen a alcanzar nuestro nivel de vida y siempre sea atractivo para ellos venir a Cataluña a disfrutar de nuestros puestos de trabajo, aunque para ello tengan que dejar atrás todo lo que significa algo para ellos.
Por último no voy a terminar mi pensamiento como político pedigüeño, ya que probablemente a los andaluces nos venga mejor que nos corten cualquier tipo de fondos procedentes de otros lugares, pues no me cabe la menor duda que si nos apretamos el cinturón seremos capaces de superar la situación saliendo reforzados como han hecho en otras regiones del mundo tras una crisis.
No en vano en lugares como EEUU valoran muy positivamente a paisanos nuestros que no solo consideran que están bien formados en campos como la ingeniería, medicina e investigación, sino que además valoran la capacidad de improvisación, resolución y empuje ante la adversidad. Aunque tendríamos que pensar que en las zonas que han superado las crisis se hacen esfuerzos como trabajar horas extras para revertirlas a la comunidad, cosa que algún político valiente podría proponer para compensar los famosos fondos.
Un empresario iluso.

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